El patio central del Museo MARCO

El patio central del Museo MARCO




La tradición del patio está ligada a fondo con el modo de vivir la casa latinoamericana. El patio es un lugar de recogimiento, de contemplación, pero también de encuentro. Es un distribuidor y un destino en si. En el caso del patio del Museo MARCO en Monterrey, del arq. Ricardo Legorreta, es fácil leer la influencia de la hacienda mexicana. Es fácil también ver el manejo del agua como en Barragán.

Pero quizá sea más interesante extender la mirada a la amplia tradición de espacios centrales en edificios icónicos de la arquitectura.

En la Villa Rotonda, por ejemplo, Palladio crea un espacio central a manera del Panteón que distribuye a cuatro salas idénticas. Este espacio ha sido imitado copiosamente desde villas de veraneo hasta la Casa Blanca. Se incorpora también a la tipología de museos, en el momento en que estos dejan de ser galerías privadas de arte para convertirse en lugares de conocimiento y esparcimiento público.

Un museo paradigmático, el Altes de Schinkel, cuenta con este espacio central. El “sanctuarium” como él lo denomina, constituye verdaderamente el corazón de su proyecto. Entre este espacio y dos patios rectangulares se distribuye el tráfico a un conjunto de salas de las mismas dimensiones.

En Marco, este espacio central se ve también rodeado de un pórtico, pero las galerías son de distintos tamaños, colores, y calidades lumínicas. En lugar de recorrer el museo robóticamente, la experiencia se vuelve un descubrimiento individual. El espacio se ve compartimentalizado, pero de una manera asimétrica y gradual. Accediendo al museo desde la ciudad, el patio se convierte en un respiro bien recibido, un espacio donde reina la luz y el sonido del agua. Recorriendo las salas, se convierte en un punto de referencia. Como en las antiguas haciendas, como en las casas indígenas, como en Altes o la Villa Rotonda o el Panteón: un espacio para entender qué es lo que distingue construcción de arquitectura.

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